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Carta a mi Esposa

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Mi amada y querida esposa, te escribo estás líneas para, primeramente agradecerte por todas las labores que has hecho por mí y que de repente ha pasado por debajo de la mesa por el hecho de pensar que es parte de tu labor como esposa.

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La sociedad siempre manipula la normalidad y nos hace pensar que tu por ser mujer y esposa eres la que debe llevar las labores de la casa.

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Discúlpame por utilizar la palabra "yo ayudo en la casa" porque con esto, a pesar de que hay buenas intensiones mi expresión es machista y hegemónica, porque doy por hecho que eres tu la que debes hacer esas tareas.

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Estoy consiente que lo que necesitas es un compañero y socio, y bueno he tratado siempre de hacerlo, teniendo en cuenta el cuidado de nuestra querida Sofía Victoria.

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Las veces que lavo, cocino, plancho o hago las labores de la casa es porque hay que hacerlo sin importar quien lo haga, ya que somos un equipo. 

Para terminar te dejo este post que conseguí y me hizo reflexionar sobre este escrito.

"Un amigo vino a mi casa a tomar café, nos sentamos y hablamos. En un momento de la conversación le dije: "Voy a lavar los platos y vuelvo enseguida".

Él me miró como si le hubiera dicho que iba a construir un cohete espacial. Entonces me dijo con admiración pero un poco perplejo: "Me alegra que ayude a su mujer. Yo no ayudo porque cuando hago algo mi mujer no me lo agradece. La semana pasada lavé el piso y ni un gracias."

Volví a sentarme con él y le expliqué que yo no "ayudo" a mi esposa. En realidad, mi mujer no necesita ayuda, ella necesita un socio. Yo soy un socio en casa y por vía de esa sociedad se dividen las funciones, pero no se trata de una "ayuda" para las tareas de casa.

Yo no ayudo a mi esposa a limpiar la casa porque yo también vivo aquí y es necesario que yo también limpie.

Yo no ayudo a mi mujer a cocinar porque yo también quiero comer y es necesario que yo también cocine.

Yo no ayudo a mi mujer a lavar los platos después de comer porque yo también uso esos platos.

Yo no ayudo a mi esposa con sus hijos porque también son mis hijos y mi trabajo es ser padre.

Yo no ayudo a mi mujer a lavar o doblar la ropa, porque la ropa también es mía y de mis hijos.

Yo no soy una ayuda para las tareas de la casa, soy parte de la casa. Y con respecto a los elogios por ayudar, le pregunté a mi amigo cuando fue la última vez que, después de que su mujer terminase de limpiar la casa, lavar la ropa, cambiar las sábanas de la cama, bañar a los niños, cocinar u organizar le dijo gracias.

Pero un gracias del tipo: ¡¡¡Wow, cariño!!! ¡¡¡Eres fantástica!!!

¿Eso te parece absurdo? ¿Te parece extraño? Cuando, por una vez en la vida, limpió el piso, ¿esperaba un premio a la excelencia con mucha gloria? ¿Por qué? ¿Nunca pensaste en eso, amigo?

Tal vez la cultura machista te ha enseñado que todo es trabajo de ella.

Tal vez a usted le hayan enseñado que todo esto se hace sin mover un dedo. Entonces elogie a su mujer como usted quería ser elogiado, de la misma forma, con la misma intensidad. Échele una mano, compórtese como un verdadero compañero, no como un huésped que solo viene para comer, dormir, bañarse y satisfacer sus necesidades...

El cambio real de nuestra sociedad empieza en nuestros hogares. ¡Enseñemos a nuestros hijos e hijas el sentido real del compañerismo!"

 

Atentamente: Tu socio y Compañero Christian.

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Christian Moreira

Soy profesor en ciencias exactas (Física y Matemáticas), actualmente estudio una maestría en tecnología educativa, me considero una persona emprendedora, visionaria, proactiva e innovadora, en mis tiempos libres me gusta ilustrar, diseñar y dibujar. Soy aficionado de la experimentación y la astronomía además soy un youtuber en iniciación.

 

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